La logística empieza por las personas

De hecho, todo empieza por las personas: por encima de todo somos creadoras de emociones que mueven a otras personas, y entre todas movemos el mundo.

Somos motivaciones y emociones

En realidad las personas no somos más que estímulos y sentimientos, motivaciones y emociones que van y vienen, que se juntan unas con otras, y que provocan entre ellas acciones y reacciones. Y cuando agrupamos esas motivaciones y emociones, creamos la sociedad.

Las primeras asociaciones de personas perseguían un bien común, un aporte a la comunidad, por ejemplo cazando o cultivando de manera conjunta. Hoy en día, el beneficio económico es prácticamente la mayor de esas motivaciones, pasando de ser un beneficio social a uno personal.

Es aquí donde nos olvidamos de las personas: con nuestras acciones estamos construyendo una sociedad cada vez más individualista, una sociedad cada vez menos social.

Desmotivando la sociedad

Conseguir un empleo, es una muy complicada tarea en los tiempos que corren. Y ya no hablemos de trabajar en aquello para lo que hemos estudiado, de que nos guste, y de que perdure en el tiempo.

La lucha por mantener un puesto de trabajo a veces pasa por encima de la confianza en el compañero, en el equipo, en los responsables… en definitiva, en el conjunto de la empresa.

Esta rivalidad no siempre es manifiesta ni consciente, se puede incluso dar en el lugar de trabajo como algo normal y aceptado por todos. Pero esta situación no es la idónea para tener un buen clima laboral, crea tensiones que a la mínima afloran y generan conflictos a partir de situaciones realmente poco importantes… y que muchas veces terminan en despidos.

Y ya nos podemos imaginar lo que genera tanto a nivel profesional como en lo personal: envidia, desconfianza, y sobretodo la sensación de incomodidad permanente que nos hace pensar constantemente en buscar un trabajo mejor.

Lamentablemente, este es el punto en el que se encuentran muchas personas ya desde su primer día de trabajo: no confían en nadie, no se creen a nadie, y sienten que van a estar poco tiempo allí. La empresa parecía perfecta cuando se firmó el contrato, pero las caras y comentarios en el corrillo de turno a la hora del descanso ponen de actualidad la existencia de un ambiente laboral turbio y envenenado.

Y a la que esto sucede un par de veces, en el siguiente empleo la mentalidad y sensación es la de no confiar ni creerse a nadie, ni a persona ni a empresa, es inherente desde antes incluso de comenzar el primer día, o incluso de inscribirse en una nueva oferta de empleo.

Ser buena empresa comienza por ser buena persona

Las empresas no existen per se, lógicamente siempre hay por lo menos una persona detrás de ellas. Asimismo, las empresas por sí solas tampoco tienen valores, adoptan los de las personas que la forman… menos cuando se trata de una acción de marketing para limpiar su imagen, claro, pero en este caso de una u otra forma se acaban delatando y muestran su verdadera cara, aunque sea de puertas para adentro.

Hasta hace muy poco, muchas empresas no se preocupaban de estos valores, a lo sumo establecían una misión y visión, en numerosas ocasiones un tanto forzadas porque estaba de moda y estaba bien visto.

En la actualidad, las nuevas empresas reflejan -por lo general- los valores de las personas que las crean, mostrando una imagen de marca transparente y acorde con su forma de pensar. Otras más antiguas con valores positivos ya bien asentados, se actualizan y exponen su identidad para reforzar su corporate branding.

Esta obligación de exponer públicamente sus valores, también han ayudado a muchas empresas a reformular la relación con sus empleados y querer mejorar sus vidas. De este modo obtienen doble resultado: trabajadores contentos y buena reputación.

Confiando de nuevo en las personas

Es una lástima que la gente deje de confiar en las empresas para las que trabaja. A veces las empresas, por mucho que lo intentan, no lo consiguen porque el estigma que les acompaña a veces es demasiado grande.

Deben comenzar por renovar sus valores, y de verdad hacer que sus empleados se sientan cómodos en sus puestos de trabajo. Han de conseguir que a la larga se sientan orgullosos de estar donde están.

Su principal objetivo debería ser mejorar la calidad de vida de las personas a través de un empleo justo, con igualdad de oportunidades, y con independencia de la edad, género o procedencia.

¿El beneficio? Una vacante bien cubierta, y trabajadores felices.

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